La espelta (Triticum spelta) es un grano menos conocido y mucho más antiguo que su primo moderno, el trigo (Triticum aestivum). ¡Se estima que la espelta ya se cultivaba hace más de 7.000 años!

Sin embargo, en el s.XIX, tras la rápida evolución de técnicas agrícolas modernas, dejó de cultivarse, pues ya no resultaba rentable para los agricultores. Y es que las cosechadoras podían cosechar el trigo común en un único proceso, mientras que la espelta necesitaba procedimientos adicionales para poder extraer la cáscara exterior dura, lo que complicaba y encarecía el proceso.

Por suerte, la espelta no se perdió por completo, y a mediados de la década de 1980 fue redescubierta en Europa, por lo que hoy en día podemos disfrutar de magnífico cereal.

1. La espelta tiene un valor nutricional superior al trigo

Pese a que la espelta es un cereal más antiguo, no ha sufrido tantas modificaciones genéticas como el trigo, que fue manipulado para satisfacer las necesidades de fabricación.

La espelta ha mantenido muchas de sus características originales que le proporcionan un perfil nutricional increíble, junto con una fácil digestión que le otorga cualidades anti-inflamatorias.

Proteínas. Es cierto que la espelta tiene algo más de proteínas que el trigo (15% frente al 10%), pero lo más importante es que estas proteínas contienen los ocho aminoácidos necesarios para el cuerpo humano. Estos aminoácidos se llaman «esenciales» porque el cuerpo no puede producirlos. Sólo se consiguen a través de los alimentos. Además, estas proteínas contienen más cantidad de un aminoácido llamado lisina que en el caso del trigo, lo que las convierte en proteínas con mayor calidad biológica.

Fibra. La fibra de la espelta es sobre todo fibra soluble. Ésta retrasa la absorción de los hidratos de carbono, por lo que resulta beneficiosa para todas las personas, pero sobre todo para los diabéticos. También, y gracias a su alto contenido en fibra, es ideal contra el estreñimiento y en dietas de adelgazamiento.

Minerales. El contenido mineral también es más alto en la espelta, destacando el magnesio, fósforo, hierro y zinc.

Vitaminas. La espelta contiene vitaminas B, E y A. Para hacernos una idea, una rebanada de pan de espelta contiene aproximadamente un 75% de riboflavina (vitamina B2), ¡que resulta ideal esta contra las migrañas!

Gracias a su gran riqueza en nutrientes, la espelta es un gran aliado para nuestra salud, apoyando de forma saludable sus funciones en el sistema cardiovascular, óseo, sistema nervioso y sistema inmunitario.

Sus hidratos de carbono (60% en el grano crudo y 20% en el cocido) son mayoritariamente complejos y van acompañados de abundante fibra (10% y 4%, respectivamente), de ahí que presenten un índice glucémico bajo, es decir, que su asimilación en el organismo sea lenta y progresiva, aportando energía de forma prolongada.

Baja en grasas, en su mayoría monoinsaturadas, entre el resto de sus componentes figuran vitaminas del grupo B y E; minerales como magnesio, manganeso, fósforo, hierro, cobre, cinc, selenio o potasio y compuestos fitoquímicos que hacen de ella un cereal muy recomendable.

3. La espelta es más resistente y más respetuosa con el medio ambiente que el trigo

Como hemos comentado, con el fin de que fuera más fácil de cosechar, el trigo moderno se modificó para eliminar la cáscara exterior. Al suprimir esta cáscara, aparte de eliminar nutrientes importantes, el trigo se hizo más susceptible a insectos y enfermedades, lo que conllevó la necesidad de usar pesticidas tóxicos.

Como grano antiguo, la espelta ha mantenido su casco exterior duro, por lo que soporta climas más duros y es más resistente a enfermedades, lo que elimina la necesidad de herbicidas, pesticidas o fungicidas.

Por otro lado, la espelta puede crecer en terrenos difíciles sin la necesidad de fertilizantes, pues es un cultivo de relativamente bajo rendimiento. Por lo tanto, es un cultivo más sostenible a largo plazo y más respetuoso con el medio ambiente.